No está claro si de verdad existen señales de voluntad negociadora en Irán. Tampoco si la Casa Blanca tiene en claro cuáles son los puntos que verdaderamente importan en una negociación con la dictadura religiosa que impera en Irán. El presidente norteamericano atiborra el espacio de declaraciones y pronunciamientos que no esclarecen nada si no todo lo contrario.
Por momentos dice tener al alcance un acuerdo para desbloquear el Estrecho de Ormuz, y lo dice como si conseguir eso fuese un gran logro de su guerra contra Irán, cuando está a la vista que esa yugular de los hidrocarburos jamás había estado estrangulada y que su bloqueo fue una consecuencia del conflicto en marcha.

De tal modo, la presentación correcta de un acuerdo para desbloquear el Estrecho de Ormuz debe señalar que la negociación solucionó un problema que ha creado la guerra iniciada por Trump y Netanyahu.
En el bombardeo de declaraciones del líder norteamericano, lo primero importante fue dicho en las últimas horas: Donald Trump señaló que intentará que todos los países del Golfo Pérsico, incluidos Irán y Arabia Saudita, firmen los Pactos de Abraham, o sea, reconozcan a Israel como un Estado con derecho a existir en el Oriente Medio.
Ese punto sería incluso más importante que impedirle al régimen oscurantista de los ayatolas el enriquecimiento de uranio, aunque mantengan límites que lo alejen de la posibilidad de construir armas nucleares.
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Trump lo planteó casi accidentalmente. Estaba diciendo que el reino saudí, los emiratos de Kuwait y Qatar, además del sultanato de Omán y las repúblicas de Egipto, Líbano, Irak y Siria debían negociar la aceptación de los Pactos de Abraham ya alcanzados con Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Diciendo eso, el jefe de la Casa Blanca añadió que incluso Irán debía negociar su aceptación de tales acuerdos. Y aunque haya sido de manera casi accidental, Trump se aproximó al centro de la cuestión: poner fin al rechazo de la República Islámica de Irán a la existencia de Israel.
El mayor avance hacia la seguridad de Israel sería obtener el reconocimiento de Irán y las monarquías y regímenes sunitas del Golfo que aún no lo reconocieron. Pero negociar ese objetivo trascendente sólo es posible si Netanyahu y su gobierno renuncian a la anexión de territorios cisjordanos y gazatíes, y aceptan la “solución de los dos Estados”, o sea aceptan reconocer a un Estado palestino independiente en Cisjordania y la Franja de Gaza.



