Un rasgo del ultraconservadurismo que está en auge en el mundo, es que son ultraliberales y, en algunos casos, “libertarios”. Javier Milei es un ejemplo único de libertarismo en el poder. Otro caso fue Liz Truss, pero sus pares tories la sacaron del 10 de Downing Street al mes y días de haber asumido como primera ministra británica lanzando un plan económico libertario.
El presidente argentino ya alcanzó un récord de su ideología en cuanto a permanencia en el cargo, aunque la política económica de su gobierno es la que dicta Luis Caputo y está lejos de la dolarización, el cierre del Banco Central, la libertad absoluta de comprar y vender órganos del cuerpo humano, el libre acceso a las armas y tantas “libertades” más que había anunciado para explicar lo que, en su ideología, significa la palabra libertad.
El mayor logro social de su gobierno, la reducción de la pobreza en un 20%, se debe a qué la reducción de la inflación mediante el retraso cambiario hizo que el incremento del 300% en la Asignación Universal por Hijo (AUH), implementado por el Ministerio de Sandra Pettovello, hiciera emerger ese porcentaje por encima de la línea de pobreza. Ergo, fue una medida intervencionista (pisar el dólar) y las arcas del Estado a través de las AUH, las que posibilitaron esa buena señal en las estadísticas sociales.
+ MIRÁ MÁS: Empezó a regir el arancel del 10% impuesto por Trump: a qué productos de Argentina afecta
Lo demás está colmado de extravíos y opacidades, como el fallido intento de introducir inconstitucionalmente dos jueces supremos, de los cuales uno es impresentable: Ariel Lijo. También el discurso del 2 de abril en el que, quizá por ignorarlo, recurrió al argumento británico de la autodeterminación de los habitantes de Malvinas.
Del mismo modo, parece sorprender al presidente argentino la patada al tablero del libre comercio mundial que dio Donald Trump, una medida extrema de proteccionismo que no se implementaba desde hace casi un siglo.
Esto le mostró a Milei que sus coincidencias con el presidente de Estados Unidos no están tanto en el escenario económico como en el social, donde ambos proclaman la supremacía de los millonarios como escala superior de la ciudadanía.

La lección que le dio el magnate neoyorquino al miembro de la clase media que gobierna la Argentina venerando a los mega-millonarios, incluyó un baño de realidad humillante: Milei viajó a Mar-a-Lago para recibir un premio ridículo y, sobre todo, para lograr otra foto con el presidente norteamericano. Pero Trump ni apareció en el Club House de su country en Palm Beach.
El salvadoreño Nayib Bukele fue el primer presidente latinoamericano recibido por Trump en la Casa Blanca, el lugar donde Milei pide ser recibido desde que asumió, pero aún no logra ser invitado.
Volvió a Buenos Aires con un premio consuelo que inventaron para reemplazarlo por una foto con Trump. Viajó por esa foto justo en los días en que el mundo entero está señalando al jefe de la Casa Blanca como el irresponsable y negligente autor de las medidas que causarán el caos en el comercio internacional y, posiblemente, una recesión económica global.
Probablemente, la cláusula de reciprocidad que incluye el mega-paquete arancelario vaya reacomodando las cargas con el tiempo, pero, aún si así ocurriera, la economía norteamericana no ofrecía razones para una apuesta con semejantes riesgos.
A las décadas que Trump describe como violentas y económicamente desastrosas, el prestigioso analista de The New York Times, Thomas Friedman, describió, citando el consenso de los historiadores, como “una de las eras más pacíficas que haya vivido el mundo, en gran medida gracias a la globalización y al fortalecimiento de la red de comercio internacional y también al predominio de una potencia hegemónica inusualmente generosa llamada Estados Unidos, que está en paz y en situación de interdependencia económica con China”.
No perjudicó a Estados Unidos haber sido las últimas ocho décadas una superpotencia cuya apertura económica favoreció a la economía global en general y, en particular, ayudó al desarrollo de muchos países. Friedman explica que esa política norteamericana no perjudicó a Estados Unidos, sino que, por el contrario, fortaleció su economía y consolidó su liderazgo.

China no creció a costa de Estados Unidos, sino que creció ensamblada al crecimiento de la economía norteamericana.
No está claro cómo afectará al gigante asiático la guerra comercial que le declaró Trump, pero en lo inmediato parece claro que el líder conservador norteamericano le regaló a China el puesto de “paladín del libre comercio” en el mundo.
Justo cuando Europa empezaba a abrirse de la Ruta de la Seda para tomar distancia de China, vienen los aranceles de Trump a obligarla a volver a apuntar la proa de su economía hacia el gigantesco mercado chino. La muralla proteccionista de Trump también hizo que Japón y Corea del Sur, dos potencias económicas asiáticas que siempre recelaron del gigante asiático, hayan acordado en tiempo récord Tratados de Libre Comercio con China.
También en el plano interno Trump hizo sonar las alarmas. Hasta el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijo que la superpotencia enfrenta un panorama incierto, con alto riesgo de inflación, crecimiento del desempleo y estancamiento económico.
Por estos días, el magnate neoyorquino es percibido y descripto en todo el mundo como una suerte de forajido internacional. No era el mejor momento para viajar a sacarse una foto con el dueño de Mar a Lago.
Aunque lo haya puesto de muy mal humor, por suerte para él, Milei tampoco pudo lograr eso.